
Ya sé que los temas de mis entradas se están volviendo monótonos y aburridos porque sólo utilizo la tercera persona del femenino singular, pero es que me sale solo, es algo que no se puede controlar.
Os voy a contar un sueño que tuve el otro dia ; (como ya habreis deducido, esta entrada es para la reflexión y me da igual si os gusta o no, porque hoy pienso en alto).
"Desperté en un lugar áspero y viejo, un suave balanceo me empezaba a marear, al incorporarme vi que estaba subido en una barca, era de madera. La niebla lo cubría todo, pero conseguí distinguir la figura de un hombre, oscura, allá a lo lejos. "¿Quién eres y por qué estoy aquí?" dije. "Mi nombre es Caronte y tú estás muerto" contestó, con voz seca y desganada. Me empezé a tocar, yo me sentía, no podía estar muerto, todo parecía igual. Me levanté y miré a los lados, quería salir de alli. "No mires al Estigia" dijo Caronte. No hice caso y miré hacia el agua. Allí había cientos de ánimas, con las bocas abiertas y la piel pálida. Una gritó mi nombre, era ella, cuyo nombre no diré aquí. Sus rizos rojos, sus ojos negros y sus anchas caderas eran la prueba. Sí, era ella.
Estiró el brazo, como queriendo tocarme, y yo estiré el mio, la quería sentir. Cada vez estabamos más cerca, Caronte gritaba, pero yo no hacía caso, era realmente preciosa, la podía oler. Y me agarró, tiró de mi con tal fuerza que caí de la barca, el agua estaba fria, y me sumergió, cada vez más abajo, ya me faltaba el aire, "da igual" pensé "ya estoy muerto y estoy agarrado de su mano". Y entonces cogí aire y me soltó, y ya no estaba en el agua, empecé a caer, no me podía mover, el golpe debió haber sido mortal, pero no lo fue. Allí me quedé sobre el suelo, en una habitación oscura, pero con un rayo diminuto de luz que entraba por un agujero, en lo alto de la pared. Intenté levantarme, pero no fui capaz, tenía puesta una camisa de fuerza, me quedé unos minutos mirando a la nada, pensando en todo lo que estaba sucediendo. Entonces entró un hombre, Érebo dijo que se llamaba. Me quitó la camisa de fuerza y me ató a unas cadenas, quedandome abierto como una estrella, a merced de todos los elementos. Érebo se esfumó y decidí dormir. Pero empecé a notar un gran peso en el pecho, cada vez más fuerte, me hacía daño, sólo me quería encoger, pero no podía. Apreté las cadenas y los dientes, mis caderas se levantaron del suelo, ya no podía más, empezaba a llorar."
Y entonces desperté. Estaba en mi cama, sudando, tu estabas a mi lado, te tenía cogida la mano derecha, como en el Estigia, y la izquierda reposaba sobre mi pecho, ese era el peso, lo que me había hecho despertar. Ese peso de tu mano era el puto amor, sí, eso es el amor, y que la gente se deje de gilipolleces. Sólo su mano pesa lo insufrible sobre mi cuerpo. Ahóra habreis averiguado que es lo que siento, y eso sí que estoy seguro que durará hasta el día de mi muerte, porque lo he visto. He estado con Caronte, en su barca, navegando sobre el Estigia, y esa es la prueba.

Cuándo te has ido a la República de Hades y por qué no me has avisado. Malditos teóricos del amor.
ResponderEliminarMe gustan tus relatos, creo que me pasaré amenudo por aquí!
ResponderEliminarGracias majo!
ResponderEliminarsi! molas!
ResponderEliminarn.n