sábado, 20 de febrero de 2010

A la luz de las farolas


Que vale, que no importa, yo cierro los ojos y pienso que ya no hay nada, donde están tus tonterías. Ya he terminado de contar las estrellas, a los sapos ya les ha salido pelo, los cerdos pasan volando a ras del suelo, todos los gusanos forman una sola linea recta, y sigo esperando con las manos abiertas, las cuerdas de tu guitarra se me clavan en el hombro, haces pinchos morunos con mis pensamientos, pero esta tontuna quien la ha inventado, que le meto de hostias. ¿De verdad no te llamas Soledad? Yo, ahora en serio, te invitaria a patinar sobre hielo en el fondo del infierno, que se le va a hacer, estas cosas son así, que lo imposible se hace posible y viceversa, sobre todo viceversa. Y la verdad es que muy guapa no eres, y mucho menos atractiva, pero yo juro que eres más guapa que la luz de las farolas y más atractiva que las esquinas. Los amores desgraciados no se deben coleccionar, almenos no de esa forma que tu lo haces, que está muy feo. ¡Que os voy a contar yo a vosotros! Si en realidad las vidas más complicadas son las mejores, sin duda. En fin...¿de verdad que no te llamas Esperanza?