lunes, 18 de julio de 2011

Mi chica de anuncio.


Y será que mi cabeza, no lejos de ser muy inteligente ni de mostrar mucha piedad, tendrá la apremiante necesidad de empezar a tomar decisiones. Empezando, por ejemplo, por retener o no las ganas que mi cuerpo tiene de acercarse al suyo, normalmente con intención de violación, o de cosas menores, pero también castigadas por la ley, de las que no eres merecedora. Estoy seguro que de ser más sabio, filósofo quizás, habría sabido encontrar las palabras exactas para definir tu pelo, así como majestuoso, bello, suave, enigmático, nostálgico, enriquecedor, de una tonalidad cromática cercana a la maravilla, y de unas ondulaciones que hacen envidiar.

Siguiendo por tus ojos, del tamaño de los platos a los que las abuelas encajan un reloj y cuelgan de las paredes de su salón, del color del chocolate, o de café, de la madera o de la mierda, que están tan bien encajados en tu cara que tu escultor se merecería felaciones infinitas.

Y tu boca...¡Ay!, tu boca tan fina como el regaliz, (siempre negro, por supuesto), que fueron creados por los dioses, y las diosas, y los diosos, y su puta madre. Con esos dientes dignos de hijo de dentista, como con aparato acabado de quitar, tan blancos y relucientes como las perlas de plástico, del malo, de los collares de mi madre. ¡Seguro que con esos dientes no eres como esas chicas que me la arañan al mamar!

Con tus pechos ya termino, no siendo menos importantes, ya que son mi parte favorita, la más mejor de tu cuerpo, la que no me deja dormir pero siempre me hace soñar. No son grandes, es cierto, lo que no es tara suficiente para hacer dudar a nadie de su perfección. Me gustaría ser Pulgarcito para perderme entre ellos, y escalarlos hasta sentarme en la cima en esos taburetes tan bien situados. En fin, tengo que parar, porque el peligro de eyaculación se hace evidente en mi cuerpo. Dejaré de hablar de esta mujer, imaginaria, por supuesto, para empezar a hablar de la real, de la que me acompaña a los "recaos" y la que realmente me hace sentir bien.

Su pelo es un poco graso y a veces parece que está sucio, cosa que tiene que poner remedio con las mascarillas que compra, o me manda comprar, en el Mercadona, las cuales dudo que den ningún resultado, pero ella se siente mejor utilizándolas. Sus ojos, no son tan grandes, ni mucho menos, a los anteriormente descritos, se asemejan al tamaño normal de ojo, y son marrones, como los de la mayoría de la gente, aunque ahora algunas modernas, de esas que llevan gafas de pasta y se separan los paletos con las gomas de las boquillas de los globos de agua, quieran camuflarlo con su famosa frase "mis ojos no son castaños, son color miel". Su boca sí es fina, bastante bonita, lo admito, pero sus dientes no son para nada perfectos, uno de los paletos está desviado hacia dentro, y el colmillo izquierdo se monta un poco en su vecino, mejor no hablar de la fila de abajo, y demos gracias a que el labio inferior los tapa bastante bien. Su color es blanco, pero no tan blanco como los anuncios, quizás por los litros de café que puede llegar a consumir en un mismo día. Y sus pechos son estandar, una 90 (85 según la marca de sujetador) y, como todas, tiene uno más grande que el otro, cuyos pezones hay que dejar reposar al aire para que cojan su postura correcta porque el sujetador los ha dejado aplastados y la chica parece bizca.

Es verdad, no es una chica de anuncio y quizá tampoco la chica de mis sueños, pero es la única que hasta ahora ha querido acostarse y levantarse a mi lado en la cama. Y me niego rotundamente, bajo ningún pretexto, a intentar aspirar a más, porque con eso tengo más que suficiente y me doy por satisfecho.